Esta mañana hemos salido mi compañero Sergio y yo, a ver si teníamos suerte y sacábamos algunas pikudas en su coto y la verdad que la mañana no era muy propicia, debido a las fuertes y cuantiosas lluvias de los días pasados. Acompañados muy bien por su perra Linda, una hembra de braco de 6 años de edad y con un oficio y unas ganas de cazar tremendas. Empezamos la jornada caminando por la pista dirección al becadero, la verdad no esperaba mi compañero gran cosa, pues estaba todo muy mojado y los boges estaban cargados de agua, cosa mas que evidente que molesta y dificulta esta disciplina a perros de esta raza, por su falta de pelo, nada comparable a los setter con mas abrigo.
A pesar de todo, Linda con su afición poco a poco y dirigida por Sergio, iba mirando todos los rincones que este maravilloso y misterioso animal, tiene querencia. Al rato de dar varias vueltas por varios senderos, nos sale la primera, bastante larga sin poder tirar. "Llevaba varios días aquí y se conoce el terreno", comenta Sergio. Seguimos mirando y a mí se me van los ojos a cientos de robellones ya pasados y alguno en muy buen estado, que pena no haber tenido una cesta en el coche, pero como dice el chiste" ¿a que estamos Patxi, a Rolex o a setas?". Mas adelante Linda, entra en otro rincón, con tan mala fortuna que levanta otra fuera del alcance de la escopeta del cazador, sin poder tirar tampoco en esta ocasión, volvemos a pinchar en hueso. La mañana toca a su fin, no sin haber andado un largo rato y ver dos sordas y un corzo, el cual se escabullía entre la maleza. Otro día será.
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| Oteando el terreno, algo fundamental en esta disciplina. |
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| Atento de su perra, siempre pendiente. |
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| Terreno pesado. |
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| Estupendo ejemplar de robellón. |
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| Empieza el frío. |





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